Biografía de
José A. Rivera Zambrana

Comencé mi colección de carritos miniaturas, antiguos y modernos en el año 1970. La colección, en su primera etapa, fue de cincuenta (50) modelos del 1971, ya que era difícil de conseguir algunos modelos.

En mi niñez, anhelé tener carritos grandes, pero debido a la situación económica de mi familia nunca pude tenerlos y disfrutar de ellos. Mis padres se olvidaron de obsequiar un juguete para mi cumpleaños o la época de navidad. Esta afición por los carritos quizás comenzó como una meta de valorar lo que tenía en mi vida. Nunca pensé en el valor monetario que adquirirían los modelos.

Lo que más me llamaba la atención era buscar quiénes eran los fundadores, fabricantes, o alguna historia o en qué país se fabricaban estos modelos. Preferí esta línea porque observé que los modelos plásticos de armar (AMT, Revell, Aurora, Testors y Ertl) se deterioraban con facilidad y perdían su belleza y había que estar dándoles mantenimiento continuo para protegerlos. El costo de mantenimiento era muy caro para continuar con estos modelos y el espacio en mi cuarto no era mucho que digamos.

Los carritos miniatura, sin embargo, mantienen su ensamblaje de la carrocería, color y brillo; son más resistentes a nuestro clima y más fáciles para limpiar y guardar en maletas diseñadas para los mismos.

En mis años de escolar ahorraba el dinero de las meriendas para comprar los carritos en las farmacias o en las tiendas por departamento. Por otra parte, era mi empeño buscar la historia de cómo se construían o de qué país procedían.

En 1972, comencé con el movimiento de niños escuchas “Boys Scout”. El aprendizaje que obtuve en la tropa fue más allá de ver el valor de mis semejantes y poder ayudar a otros.

En la escuela superior me dí a la tarea de orientar a los niños de cómo cuidar los juguetes, para que supieran el valor sentimental de cada juguete que se le regalaba en su cumpleaños o en navidad. Estas ideas me motivaron a continuar con mi meta.

En 1980, la colección aumentó dramáticamente a 350 modelos de coleccionista, pero faltaba la historia de estos fabricantes o diseñadores que me gustaba por la variedad aerodinámica de los modelos.

En 1989, la colección subió aproximadamente a 400 modelos, con cinco catálogos diferentes y una edición especial.

En 1990, con la ayuda del Sr. Joe Álvarez-Nazario, del cual estoy agradecido grandemente, ya que tenía más conocimiento del inglés; empezamos a buscar por medio de las operadoras de teléfono en el área de Nueva York, Nueva Jersey y otros estados a ver si existía algún club, asociación o compañía que nos proporcionara información. Obtuvimos información muy valiosa de diferentes clubes, personas contactos y direcciones con la que podía buscar la historia, libros y más catálogos de diferentes tiendas. Gracias a este esfuerzo, me inicié como miembro del club de MATCHBOX U.S.A. de Charlie Mack de Connecticut con el número 1985 – 90.

En 1991, envié una carta a Charlie Mack con relación a si había otros puertorriqueños en club de Matchbox USA. Recibí una contestación que por el momento era el único puertorriqueño en Club.